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El nuevo urbanismo: comunidades integralmente planeadas

Por: Arq. Ricardo Alvarado | Director de proyectos y construcción residencial Senderos de Ciudad Mayakoba

[aux_dropcap style=”classic” extra_classes=””]D[/aux_dropcap]urante los años 60, el crecimiento acelerado de las ciudades y el diseño urbano a partir de una estructura vial enfocada en los desplazamientos en automóvil como eje de movilidad personal, llevó a construir ciudades basadas en el llamado “zoning” o zonificación de usos del suelo de la ciudad. Es decir, se separaban las áreas habitacionales, comerciales, recreativas y de servicios urbanos, en “zonas” que tenían una especialización o uso predominante.

Los problemas que se derivaban de este tipo de diseño generaban desconexión entre los habitantes y sus centros de trabajo –a veces muy lejanos de las viviendas– y la creación de desarrollos de vivienda de interés social alejados del resto de las zonas industrial, comercial y financiera que componían la ciudad.

La reacción ante este fenómeno provino de un grupo de arquitectos norteamericanos, convocados por la Comisión Local de Gobierno de Sacramento, California. Tras analizar el tipo de expansión que las ciudades estaban teniendo, surgieron diversos principios que buscaban reformular el espacio urbano, enfocándolo ahora hacia la comunidad y su habitabilidad.

En 1993, este grupo de arquitectos llevó a cabo el primer congreso para el Nuevo Urbanismo y publicó el “Charter of the New Urbanism”, un documento que establece los principios y directrices sobre las cuales debieran desarrollarse los nuevos sectores urbanos, ampliando la visión de desarrollo a las regiones, metrópolis, pueblos, municipios y vecindarios, hasta llegar a la calle y edificios que componen la ciudad.

Sin duda, este es un momento histórico para el desarrollo urbano, con una gran aportación que plantea el diseño de la ciudad bajo nuevos ejes rectores: una ciudad caminable y accesible para el uso de todas las personas; una ciudad diversa que incentive los usos mixtos, parques y áreas verdes, con zonas de conservación que conectan con otros vecindarios; una ciudad que incorpore en su diseño facilidades para el peatón y para el trasporte público, no solo para el automovilista; y la aportación más importante: una ciudad que sea sustentable.

Por otra parte, las comunidades cerradas o “Gated Communities” se han erguido como una solución en materia de seguridad, ya que en este modelo de vecindario se construye un muro perimetral y se coloca un control de acceso con la vigilancia de un grupo de seguridad interna; además de que se comparte el mantenimiento de las áreas comunes y amenidades entre los residentes.

Comunidades planeadas: Tajamar, Puerto Cancún y Ciudad Mayakoba

En México, la influencia del “zoning” generó proyectos de este tipo en la periferia de las grandes ciudades como Guadalajara, Monterrey y el área metropolitana del otrora Distrito Federal y el Estado de México; conformando suburbios aburridos y alejados de los servicios y la cultura citadina. Asimismo, hubo influencia de esta corriente en el diseño urbano de los centros integralmente planeados de Fonatur; destacando Cancún, con la clara separación de su zona hotelera y la zona urbana.

Ante este fenómeno, en México como en otros países, se buscó una alternativa mediante una solución que combinara las ventajas del Nuevo Urbanismo con la seguridad de las comunidades cerradas. Así es como surgen las nuevas comunidades planeadas.

En Cancún, el primer proyecto que lo llevó a cabo fue Malecón Cancún, después renombrado como Tajamar. Como parte del equipo de Planeación y Diseño Urbano de Fonatur, nos avocamos a incorporar los principios del Nuevo Urbanismo y definimos la lotificación y usos del suelo, así como tres elementos que lo diferenciaban de cualquier otro proyecto en el país. Por un lado, dos de ellos unen peatonalmente este sector con la ciudad: la rambla de acceso al centro del proyecto, que tiene como destino final el malecón de frente a la laguna Nichupté, y dos espacios urbanos públicos y accesibles peatonalmente. Por otro lado, el tercer elemento rector es un parque urbano de más de 100 hectáreas (más de un millón de metros cuadrados), que sirve como zona de transición entre la ciudad y el área natural protegida “Manglares de Nichupté”, la cual cuenta con más de 4,500 hectáreas destinadas a su conservación. Cabe decir que los espacios públicos están equipados para atender al peatón y a personas con capacidades especiales, así como a las que se trasladan en bicicletas, patinetas y por supuesto, en automóvil y trasporte público. Con la rambla, el malecón, andadores, ciclo vías y amplias banquetas, el protagonista es el espacio público. Prácticamente todos los lotes tienen uso mixto, con comercio en planta baja y hasta en cuatro niveles, continuando con oficinas y departamentos hasta llegar en algunos casos a 20 niveles. Hay lotes con mezcla de usos y también comunidades cerradas, como la que se proyectó como parte fundamental de este sector, nombrada “El Table”.

Casi en paralelo, se planea y se inicia (en el año 2000) el desarrollo “Puerto Cancún”, otro proyecto que se suma a esta corriente de diseño urbano. Su vocación náutico-turística se mezcla con la vivienda residencial en altura, también con comunidades cerradas y en conjuntos de uso mixto, combinando hospedaje, departamentos, comercio y oficinas; creando literalmente y como su eslogan decía: “Una Ciudad, dentro de la ciudad”. Hoy se ha convertido en un vibrante sector en donde hay gente que vive, compra y trabaja dentro de los modernos edificios que también han creado una arquitectura de calidad, fusionando los espacios públicos como andadores, ciclovías, vialidades, malecones, áreas comerciales y de oficinas, con comunidades cerradas de diversos niveles y precios, que enriquecen la oferta y generan una gran comunidad organizada bajo el concepto de un condominio maestro. Destaca en este proyecto la conservación de casi 70 hectáreas, justamente entre la zona urbana y el proyecto inmobiliario, otorgando una característica distintiva de sustentabilidad.

Sin lugar a dudas, este modelo de desarrollo continuará con éxito, ya que ha sido retomado en proyectos como Ciudad Mayakoba, en donde se atiende la continuidad de la ciudad y al mismo tiempo se soluciona la seguridad y privacidad con proyectos de comunidades cerradas y áreas de uso mixto comercial. Predominan los desarrollos con proyectos verticales y, como ya se dijo, comunidades cerradas como Senderos, que forman parte de este distrito que tiene como propósito atender la demanda de vivienda en prácticamente todos sus segmentos, desde el nivel medio hasta el exclusivo residencial de campo de golf. Todo ello bajo un estricto plan de protección de la vegetación nativa en el parque central, los corredores biológicos y áreas de conservación que forman parte medular del proyecto. De esta manera, se logra un balance entre un correcto uso del suelo y densidades adecuadas para su aprovechamiento.

Está claro que el futuro de la planeación y diseño urbano estará apegado a los principios de habitabilidad, comunidad y sustentabilidad. Para las generaciones actuales, estos conceptos deben estar presentes en su vida cotidiana, puesto que su toma de decisión para adquirir un inmueble se basa justamente en poder vivir en un entorno que realmente contenga esos principios, los cuales, innegablemente, otorgan una mejor calidad de vida.

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Camila Subirachs

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